La lechuza y la tórtola

Reseñas en papel

No podemos gustar a todos

Una lechuza y una tórtola se habían hecho muy buenas amigas. Cierto día, la tórtola vio como su compañera se preparaba para hacer un viaje. Le preguntó:

– ¿Te vas, amiga mía?

– Sí, y todo lo lejos que pueda de aquí.

– Pero ¿por qué?

– Porque a la gente de este lugar no le gusta mi graznido; se ríen, se burlan de mí y me humillan. Después de cavilar unos instantes, la tórtola dijo:

– Mira, amiga querida, no creo que puedas hacerlo pero si puedes cambiar tu graznido, no es buena idea que te vayas, porque ya no necesitarías hacerlo. Si por el contrario no puedes cambiarlo, ¿qué objeto tiene que te mudes? Allí donde vayas encontrarás también gente a la que no le guste tu graznido. ¿Qué harás entonces? ¿Volver a mudarte? Es mejor que permanezcas aquí y no pierdas tu serenidad ni equilibrio porque a algunos no les guste tu graznido.

Nunca ha habido, ni hay, ni habrá nadie que no sea insultado por unos y alabado por otros. Del mismo modo que a unos gustamos y a otros disgustamos. No podemos pretender gustar a todo el mundo ni sentirnos agraviados u ofendidos si no nos consideran o si incluso nos menosprecian. Muchos nos aceptan, pero otros, no. Tenemos que aprender a aceptarnos a nosotros mismos y proceder como lo requieran las circunstancias. Hay mucha gente aviesa, malévola o desaprensiva, y otra mucha que critica por criticar: tal es su afición, como si tuvieran por lengua una daga. Ante las críticas el ego se resiente, sí, porque en principio todos queremos ser afirmados, considerados y elogiados; pero en la medida en que uno va superando carencias emocionales y empezamos a dejar de ser unos mendigos del reconocimiento ajeno, porque aprendemos a reconocernos a nosotros mismos. Tenemos que empezar a confiar en nuestros recursos internos y nuestra capacidad para evolucionar conscientemente y no estar supeditados al juicio u opiniones de los demás.

Imagínate que alguien descubre un diamante de 300 quilates. Único en la tierra. Sin embargo, debido a su ignorancia, cree que es un simple trozo de cristal y lo tira. ¿Eso a quién pone en evidencia? ¿Al diamante o a la persona?

¿A quién rechazan realmente?

Por el mismo motivo, cuando alguien rechaza a otra persona se pone mucho más en evidencia a él mismo que el rechazado. Porque la realidad es que en esa situación tan solo existe una opinión, a menudo limitada, de una persona sobre otra.

Si J.K. Rowling se hubiera rendido después de haber sido rechazada durante años por multitud de editoriales, Harry Potter no existiría. Si Walt Disney hubiera abandonado su idea de parque de atracciones después de que más de 300 inversores lo rechazaran, no existirían los parques Disney. Si Michael Jordan hubiera dejado de lanzar a canasta en el último segundo por haber fallado multitud de veces, no habría ganado 6 anillos de campeón de la NBA.

Que te rechacen o no, en la gran mayoría de ocasiones no depende de ti. Depende de las circunstancias de esa persona a la que quieres gustar, familiar, amigo o lo que sea. La gente no toma las decisiones exclusivamente por ti y obviando todas las demás circunstancias de su vida. Eres tú que lo conviertes en algo personal.

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