Tres venezolanos se robaron el corazón de Buenos Aires

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Tres personalidades distintas, pero con su carisma lograron ganarse el corazón de Venezuela y también el de Argentina. Ganaron medallas de oro en los Juegos Olímpicos de la Juventud, pero se simpatía los hizo convertirse en los consentidos de la justa. La extrovertida Katherin Echandía, la mesura de Carlos Páez, y la sonrisa de María Giménez serán recordadas por mucho tiempo en la memoria del deporte venezolano.

Giménez fue la primera atleta en conseguir una presea dorada de forma individual para Venezuela en este tipo de justas. La judoca quien siempre muestra una sonrisa en su rostro y una mirada angelical, se convirtió en una guerrera en el tatami para ganar la áurea.

“Estaba nerviosa, pasé la primera ronda bye, pero tenía la presión de luchar contra la local aunque siempre supe que podía llegar a la final “, dijo la bolivarense quien llegó al judo para distraerse. “Entré en el judo para no estar en mi casa, lo primero era jugar, pero después poco a poco le fui agarrando cariño”, argumentó la oriunda de Puerto Ordaz.

Pero a horas de que ganará Giménez, la carabobeña Katherin Echandía también alzaba la presea de oro en el levantamiento de pesas en la división de 44 kilogramos, la misma categoría en la Giménez ganó en el judo.

En una competencia donde había apenas cinco competidoras, Echandía ya sabía quién sería la rival a vencer desde el primer momento. “Cuando vi a la de Vietnam me enfoqué en ganarle. Ella no era más que yo”, comentó la valenciana quien con su 1.47 metros de estatura no se amilana y se muestra como la más extrovertida de la triada.

Echandía es toda una estratega y junto a su entrenador fraguaron un plan que la colocó en el tope de la contienda desde el primer momento. “Ya en Venezuela había alzado el peso que iba a levantar allá. La estrategia fue usar el peso falso de 83, pero teníamos el 88 listo”, aseveró la pesista quien en su última oportunidad intentó alzar 93 kilogramos. “Yo había levantado 93, pero pesando 46. Yo estaba llorando porque había ganado y la competencia para mí se había acabado”.

Días después llegó el turno del judoca Carlos Páez, quien con el equipo mixto Beijing logró la presea dorada, la tercera de Venezuela en los Juegos y la segunda en la modalidad de equipos mixtos internacionales tras el oro de María Simancas en los 8×800 metros del atletismo en Nanjing 2014.

El mayor reto de Páez fue estar en un equipo con diferentes nacionalidades que no hablaban los mismos idiomas, pero conocían el lenguaje del judo. “Fue un poco difícil pero con señas y los nombres de las llaves pudimos comunicarnos y lograr la medalla de oro”, dijo el judoca que se comporta de forma sería aunque siempre esboza una pequeña sonrisa.

Alegría en Buenos Aires

Tras ganar las preseas los atletas vivieron días en los que eran el centro de atención en Argentina, fiestas, reuniones y hasta comida gratis disfrutaron, los jóvenes atletas venezolanos que fueron la vedette en la justa.

“Yo hice muchos amigos, no hablábamos el mismo idioma, pero hice amigos de todo el mundo”, aseguró Echandía quien también comentó que “a mí me gusta mucho la fiesta y después de la competencia nos fuimos de fiesta”, pero no se fue sola, la criolla contó con un escudero de lujo en Páez. “Yo acompañaba a Katherín en las fiestas”, dijo entre risas el judoca, mientras que Giménez prefería otro tipo de diversiones y hacía las actividades de la organización.

Los criollos vivieron momentos especiales para Páez lo más especial fue la inauguración, para Giménez, conocer la ciudad y para Echandía fue un peculiar momento con helados. “Fui a una heladería y cuando supieron que yo era medallista olímpica me regalaron tres helados”, dijo la pesista quien siempre hace gala de su risa.

Pero lo que los tres aseguran es que aprendieron mucho sobre amistad y compañerismo. Además se vivieron con todo una experiencia única y dejaron el nombre de Venezuela en lo más alto del deporte mundial.

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